Homenaje en Chile herido

Publié le par Bernard Bonnejean

 


Un poco de bálsamo de Neruda sobre su suelo abierto

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¿ O Madre de Dios, por qué llamaron su tumba Concepción ?
Así como tu vientre virginal, o hija de Eva,
El Padre te reservó para dar vida, no para robarla
Y en tu pecho capturaste jóvenes frutos.

O Madre de Dios, la madre de la Viviente, la madre de las vivientes,
A Lourdes, le dijiste a Bernadette Soubirous :
"Que soy era Immaculada Concepciou !"
Y los corazones se recuperaron a latir
Y las almas, a esperar.

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¿ No tienen ellos bastante sufrido, tus chicos de Chile,
Bajo las torturas de militares endiablados,
Hombres, mujeres, niños, viejos, monjes y monjas, 
Víctimas de cristianos falsos que se tostarán en infierno ?

Ya comienza la larga noche del miedo
En las calles de Santiago y de Concepción.
¡ O Madre de Dios, Madre de Jesús Cristo,
Protege tus pequeños que tienen confianza en ti !
¡ Calma a la mortal vaga !

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¡ Preserva a los campesinos y sus bestias,
Los ciudadanos y sus casas,
Los pescadores y sus barcos !
Qué mañana el gente se despierte riéndose,
Mañana, el domingo, el día del Señor,
Qué mañana el gente se despierte
Rogando o cantando un poema de Pablo Neruda.

¡ Para el amor de Concepción para el Inmaculado !

Bernard Bonnejean




Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fueron las cordilleras, en cuya onda raida
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.

El hombre tierra fue, vasija, párpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cantaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o silice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empunadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban escritas.

Nadie pudo
recordarlas después: el viento
las olvidó, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.

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No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayo una gota roja en la espesura
y se apagó una lámpara de tierra.

Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del búfalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despenadas
de la sombría paz venezolana,
te busque, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre
o tú, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del legamo,
toqué la piedra y dije:
¿Quién me espera? Y aprete la mano
sobre un punado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un párpado verde.

Chile os Acoge

Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepó por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aún no nacida de mi boca.


Pablo Neruda

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